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Vivimos en una época en la que las personas buscan especializarse fuertemente el campo de sus estudios profesionales. Cada día contamos con mejores científicos, mejores ingenieros, mejores médicos, mejores abogados, empresarios, gerentes y directivos con múltiples maestrías, etcétera. Esta búsqueda por la especialización es buena para el desarrollo social, siempre que no se le olvide a cada individuo que antes que ser profesional, se es persona, se es hombre. Es común encontrarnos con especialistas que nunca se han preguntado las cuestiones más básicas para cualquier individuo: ¿quién soy? ¿qué es el hombre? ¿qué finalidad tiene mi existencia? ¿cómo puedo ser feliz? Las ideas anteriores son fundamentales para entender cuál es el rol de un buen director.

Un buen director no solo se especializa en cuestiones científicas o técnicas, sino que se esfuerza, todos los días, para ser un mejor ser humano. En otras palabras, quien es director de una empresa o institución, necesariamente dirige personas y no puede hacerlo correctamente si antes no dirige o gobierna su propia vida hacia los fines de su propia existencia. En ese sentido, Rafael López indica que “Pretender estudiar antropológicamente a la empresa demanda abordar a su recurso más importante: el hombre mismo. … Lo característico del ser humano, como ya dijimos, es poseerse a sí mismo, ser dueño de sí … Resulta inadmisible querer dirigir a otros hombres hacia fines comunes sin antes saber por qué son queridos dichos fines y sobre todo por quién son queridos. …

Quien desee conseguir ser dueño de su ser, necesariamente debe acudir a las virtudes. Carlos Llano nos indica que la virtud humana “…orienta nuestra conducta y regula nuestros sentimientos, mociones, emociones, pasiones y afectos de manera que ayuden al ser humano en la tarea de su perfeccionamiento o plenitud como hombre. La virtud humana hace más hombre al hombre…”

Conozco, personalmente, empresas e instituciones que sí que cuentan con dirigentes íntegros y virtuosos, pero también conozco muchas otras que designan a sus directores sin tomar en cuenta estos factores tan importantes. En la realidad social guatemalteca, podemos encontrar muchos ejemplos de dirigentes de empresas o de instituciones que carecen de las virtudes propias que deben acompañar el cargo. Podemos encontrar empresas dirigidas por especialistas en la ciencia, arte o técnica que ejercen, pero deformados en aspectos antropológicos esenciales, y por tanto, capaces de tomar decisiones contrarias al hombre y a la sociedad.

Por ello, las virtudes cardinales constituyen herramientas indispensables para lograr gobernarse a sí mismo y a la institución que se dirige. Se le llaman cardinales porque son principales o fundamentales. Estas son: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

La prudencia es compañera del entendimiento humano. Es decir facilita al intelecto del director, lo que ha de hacer ante cada situación que se le presente. En el mundo de los negocios, esta virtud se encuentra devaluada.

Por su parte, la virtud de la fortaleza es compañera de la voluntad del hombre, la cual nos hace obtener un “apetito por los bienes arduos”. La virtud de la fortaleza convierte ese apetito en una realidad a través del esmero, constancia y dedicación.

La virtud de la templanza es también fundamental para el director, ya que modera el apetito de los bienes placenteros. Quien ostenta un cargo directivo sabe que se presentan muchas oportunidades para dejarse llevar por diversos placeres, algunos buenos, y otros intrínsecamente malos. La templanza sabe orientar la conducta del hombre hacia el bien ante estas situaciones.

Por último, la virtud de la justicia, es aquella que otorga al Director, la actitud constante, de otorgar a las personas con las que interactúa, directa o indirectamente, aquello que les corresponde o que les es debido: remuneraciones justas, pago a los proveedores en el plazo acordado, cumplimiento de la palabra dada y de las obligaciones contractuales, reuniones productivas, puntualidad, respeto, directrices claras, orientación a quien la necesita, correcciones y llamadas de atención a quien lo merece y con caridad, información transparente y veraz a los accionistas, honradez en el pago de tributos, etc. 

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